Lo que aprendí en mi primer arbitraje de construcción
Mi primer arbitraje, hace más de veinte años, fue de construcción. Aprendí algo ese día que sigue siendo cierto hoy.
El caso no se ganó ni se perdió por quién tenía la razón. Se decidió por quién podía probarla.
Una de las partes había ejecutado el trabajo que se le pidió. Estaba convencida de tener la razón — y probablemente la tenía. Pero las instrucciones habían viajado por conversaciones de obra y correos sueltos, no por el procedimiento que el contrato exigía. Cuando llegó el momento de sostener el reclamo, la certeza que sentían no se podía trasladar al expediente.
Con los años he visto repetirse el mismo patrón en obras de todo tamaño. La disputa rara vez es sobre lo que ocurrió; casi siempre es sobre lo que se puede demostrar que ocurrió. Y la evidencia que decide un arbitraje no se construye cuando estalla el conflicto — se construye, o se pierde, en el día a día del proyecto, cuando nadie está pensando todavía en un arbitraje.
Tener razón y poder probarla siguen siendo dos cosas distintas.
Ronald Brian Martin Alarcón · Publicado originalmente en LinkedIn.