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El correo que nadie respondió

He leído miles de correos en expedientes de arbitraje. Los que más me han quedado son los que nadie respondió.

Aparecen siempre igual. Un mensaje enviado en su momento, correcto, oportuno, donde alguien de obra avisa que algo cambió. Y después, nada. Ninguna respuesta. Ningún acuse. El proyecto siguió adelante como si el correo no existiera.

Años más tarde ese mensaje reaparece impreso en un anexo, y las dos partes lo leen de manera opuesta. Una dice: avisé. La otra dice: nadie me confirmó nada, y usted siguió trabajando igual.

Las dos tienen algo de razón. Eso es exactamente lo que lo vuelve difícil.

Lo he pensado mucho, y creo que el problema rara vez es de mala fe. Un correo enviado se siente como un asunto cerrado. Uno cumplió, informó, dejó constancia. Pero informar y acordar no son lo mismo, y un proyecto solo se sostiene sobre lo segundo. El silencio del otro lado no es una aceptación: es un espacio vacío que más tarde cada parte llena con su propia versión.

Cuando reviso esos expedientes no encuentro descuido. Encuentro gente ocupada, resolviendo problemas reales, que dio por hecho que estar en copia equivalía a estar de acuerdo.

No basta con que alguien hable. Alguien tiene que contestar.

Ronald Brian Martin Alarcón · Publicado originalmente en LinkedIn.

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